ENTREVISTA

“Pan y circo es el punto más alto de la evolución cultural”

Entrevista al psicólogo Jorge Orrego

Por E-terapia · Barcelona


—Jorge, usted ha dicho, sin ponerse colorado, que “pan y circo es el punto más alto de una civilización”. ¿Lo dice en serio o está provocando?

—Las dos cosas.
Mire, cuando una sociedad tiene pan, es decir, necesidades básicas cubiertas, y además tiene circo —diversión, comunidad, humor, catarsis colectiva— eso no es decadencia: ¡eso es lujo evolutivo!

Es el equivalente cultural a un gato doméstico durmiendo panza arriba en un sofá:
si está relajado, es que la especie va bien.


—Pero la frase “pan y circo” se ha usado históricamente como crítica. Como señal de una población anestesiada.

—Claro, porque la dijeron los filósofos… que siempre han tenido alergia a la risa.
En muchas tradiciones intelectuales, la diversión se ve como algo sospechoso, como si la alegría fuera una distracción de la virtud.

Pero pensemos un momento:
¿qué civilización prefieres?

  1. Una en la que la gente se mata entre sí,

  2. o una en la que comen palomitas y discuten sobre quién debería haber ganado Operación Triunfo?

No sé usted, pero yo prefiero el conflicto simbólico al físico.


—¿Qué tiene de superior el circo?

—El circo es el laboratorio emocional de un pueblo.
Ahí aprendemos a:

  • celebrar,

  • indignarnos sin destruir nada,

  • aliarnos,

  • discrepar,

  • llorar y reír en público,

  • pertenecer.

El circo es psicología colectiva en vivo.
Y además es divertido, cosa que la filosofía a veces olvida que es un valor evolutivo.


—¿Entonces usted reivindica la superficialidad?

—Sí, pero la superficialidad lúdica, no la vacía.
Esa superficialidad que permite respirar.

El problema de las sociedades solemnes es que explotan.
El problema de las que ríen es que —peligro— a veces se ríen de sí mismas,
y eso ningún poder autoritario lo soporta.

La superficialidad es el lubricante de la convivencia.
Sin ella, la fricción humana genera incendios.


—Pero si todo es juego y entretenimiento, ¿quién sostiene lo profundo?

—Nadie dijo que renunciemos a lo profundo.
La clave es que lo profundo sin ligereza se vuelve dogma,
y la ligereza sin profundidad se vuelve ruido.

Una cultura madura puede bailar y pensar el mismo día.
Puede ir a terapia y ver monólogos.
Puede leer a Nietzsche y después ver “La Resistencia”.

La vida es un equilibrio entre densidad y ligereza.
Sin pan no hay cuerpo.
Sin circo no hay alma.


—Pero hay quien dice que el entretenimiento masivo adormece.

—Y también hay quien dice que la sopa de verduras cura el alma.
Las generalizaciones son cómodas pero inexactas.

El entretenimiento adormece cuando se usa como anestesia.
Pero también despierta cuando se usa como catarsis.

El circo romano buscaba control.
El circo moderno —el festival, el deporte, el humor, la cultura pop—
busca comunidad.

La gente no se junta a ver humor para evitar pensar,
sino para pensar sin destruirse.


—¿Usted cree que una sociedad sin sufrimiento dejaría de crear cultura?

—No existe una sociedad sin sufrimiento.
El ser humano sufre aunque todo vaya bien.
Es su pasatiempo favorito.

Pero en una sociedad que no está ocupada en sobrevivir,
puede sublimar su sufrimiento en:

  • música,

  • teatro,

  • memes,

  • chistes,

  • festivales,

  • novelas,

  • videojuegos,

  • conversaciones infinitas en cafeterías.

Es decir, en cultura viva.

La tragedia griega fue pan y circo de su época.


—¿Y usted cómo mide el nivel de avance cultural?

—Muy simple:

**¿Puede la gente jugar sin culpa?

¿Puede reír sin miedo?
¿Puede celebrar sin permiso?**

Si la respuesta es sí, entonces estamos avanzando.
Hay pan.
Y hay circo.
Y la vida se vuelve respirable.

El problema no es la diversión.
El problema es el elitismo que la mira por encima del hombro.


—Déme su definición final: ¿qué es una sociedad evolucionada?

—Una sociedad que puede sostener esta frase sin escándalo:

“Somos seres profundos…
y por eso mismo necesitamos superficialidad.”

Cuando hemos llegado ahí,
hemos entendido algo esencial:

El circo no nos infantiliza;
nos humaniza.
El pan nos mantiene vivos;
el circo nos mantiene cuerpos en movimiento.
El drama construye identidad;
el juego la libera.

Y si además hay buen humor,
mejor aún:
eso significa que estamos evolucionando en la única dirección importante:
la de vivir con un poco más de gracia.

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