“Entre la poesía terapéutica, el negocio del alma y el marketing científico: un paisaje donde nadie es inocente y todos hacen lo que pueden”
Voy a decir esto con el máximo respeto posible,
porque no vengo a derribar modelos,
sino a humanizar la conversación:
en salud mental no hay inocentes.
Ya hablamos de:
-
la psiquiatría humanista que piensa demasiado pero a veces alivia poco,
-
la psiquiatría biológica que alivia pero a veces piensa demasiado poco,
-
y los modelos alternativos-humanistas que, fuera del hospital,
con frecuencia terminan convertidos en negocio.
Pero queda un cuarto actor,
uno que suele presentarse como neutral, austero, serio, objetivo:
las terapias basadas en la evidencia.
Y aquí viene la parte incómoda…
porque yo las conozco desde dentro:
también tienen marketing.
Mucho más del que parece.
⭐ Las terapias de la evidencia también venden
Nadie lo dice en voz alta,
pero cualquiera que haya leído ensayos clínicos con ojo crítico lo sabe:
-
se exageran tamaños del efecto,
-
se seleccionan poblaciones muy específicas,
-
se publica lo que sale bien y se esconde lo que sale mal,
-
se repiten estudios con mínimos ajustes para inflar estadísticas,
-
se presentan intervenciones modestas como “revolucionarias”,
-
se redactan manuales como si fueran recetarios perfectos.
No por maldad,
sino porque el sistema científico premia:
-
resultados positivos,
-
claridad,
-
replicabilidad,
-
y sobre todo visibilidad.
La evidencia también necesita marketing para sobrevivir.
⭐ El problema no es la evidencia… sino la ilusión de neutralidad
La terapia basada en evidencia funciona.
Es útil.
Es razonable.
Es necesaria.
Pero no es la sabiduría pura caída del cielo.
También es:
-
un producto académico,
-
un lenguaje de poder,
-
una forma de ocupar territorio,
-
una manera de asegurar financiación,
-
una narrativa que vende eficacia para competir con otras terapias.
La neutralidad es su mejor publicidad.
⭐ Lo irónico es que uno espera que la seducción venga del misticismo… pero no: también viene de la estadística
Cuando una disciplina promete:
-
“reducción significativa de síntomas”,
-
“mejoras robustas”,
-
“protocolos replicables”,
-
“efectos moderados a grandes”,
es difícil no enamorarse.
Habla en un tono tan seguro, tan limpio, tan adulto,
que uno no ve el esfuerzo comercial detrás.
Pero está ahí.
Como está en todo.
⭐ Entonces, ¿qué nos queda? ¿Quién dice la verdad?
Yo no sé quién dice la verdad.
Creo que nadie la tiene,
y que todos tienen piezas.
La psiquiatría biológica alivia.
La fenomenológica comprende.
Las terapias alternativas seducen y simbolizan.
Las terapias basadas en evidencia ordenan y miden.
Y todas, absolutamente todas,
tienen sus sesgos,
sus egos,
sus narrativas,
sus puntos ciegos,
y sus estrategias de legitimación.
No es un ataque:
es una constatación humana.
La salud mental es un territorio donde todos quieren ayudar,
pero también todos quieren tener razón,
o al menos, tener un lugar.
⭐ ¿Qué hago yo con todo esto?
Solo una cosa:
Intento que ningún modelo me haga olvidar
que el paciente no es culpable
de que el modelo falle.
Ni por resistencia,
ni por mala adherencia,
ni por falta de insight,
ni por no entender la técnica,
ni por no calzar en la estadística.
Cuando un modelo no funciona,
no es que la persona esté mal hecha:
es que el modelo es limitado.
⭐ Frase final, humilde y honesta
“En salud mental, los modelos compiten entre sí,
pero el paciente no debería pagar el precio
de nuestras certezas.”
Comentarios
Publicar un comentario