⭐ ENTREVISTA — La Contra

“Ningún grimorio salomónico lo escribió Salomón: son tecnologías medievales del deseo humano”

Jorge Orrego, psicólogo, lector de místicas antiguas y tecnologías de la atención


—Jorge, empecemos fuerte. ¿Es cierto que los famosos libros de Salomón no los escribió Salomón?

—Cierto.
Ninguno.
Ni uno solo.

Salomón fue la primera “marca personal” de la historia.
Un rey bíblico asociado a sabiduría y poder espiritual,
y por eso, mil quinientos años después de su muerte,
autores anónimos empezaron a firmar con su nombre
para dar prestigio a manuales mágicos.

Si hoy alguien publicara un curso de autoayuda y le pusiera
“Descubrimientos de Einstein sobre las relaciones amorosas”,
pues sería exactamente lo mismo.


—Entonces, ¿quién escribió estos grimorios?

—Escritores sin nombre.
Clérigos curiosos.
Eran hombres cultos, anónimos por necesidad:
la Inquisición no premiaba la creatividad.

Copiaban, mezclaban, adaptaban.
No se consideraban autores, sino transmisores.

Los grimorios salomónicos son como un software con miles de versiones:
cada copia añade algo, cada copista corrige o inventa.

La autoría individual no existía.
Existía la tradición.


—¿Y de dónde vienen esas ideas tan extrañas? Espíritus, ángeles, sellos, diagramas…

—De todas partes.
Los textos de Salomón son un cóctel cultural exquisito:

  • misticismo judío,

  • astrología árabe,

  • angelología cristiana,

  • magia campesina europea,

  • filosofía neoplatónica,

  • y una pizca de terror medieval.

En esos libros conviven arcángeles, geometrías, plegarias y listas de espíritus con funciones administrativas.

Algunos demonios, por ejemplo, eran especialistas en ayudar a encontrar objetos perdidos.
Servicio técnico del siglo XV.


—¿Y por qué se relacionan con Salomón específicamente?

—Porque hay un texto antiguo, el Testamento de Salomón,
donde se dice que el rey recibió un anillo del arcángel Miguel
para controlar demonios y obligarlos a trabajar.

En la Edad Media, esa imagen se convirtió en una fantasía irresistible:
un sabio que gobierna fuerzas ocultas con disciplina y geometría.

Los grimorios se apoyan en esa reputación.
Salomón es un sello de garantía.


—Hablemos del Ars Notoria, que parece el más extraño de la familia.

—Es el más raro, sí, y también el más hermoso.

Mientras otros grimorios hablan de espíritus, invocaciones y sellos,
el Ars Notoria promete algo profundamente humano:

memoria perfecta, claridad mental, comprensión acelerada.

No pretende mover objetos ni convocar entidades,
sino ordenar la mente.

Es un libro medieval para personas que querían estudiar mejor.
Monjes saturados de latín.

Un optimizador cognitivo del siglo XIII.


—Y la Iglesia… ¿qué decía de todo esto?

—Oficialmente, lo condenaba.
Los consideraba superstición, magia ilícita o peligro teológico.

Extraoficialmente…
bueno, muchos de estos textos fueron copiados en conventos.

La Iglesia medieval tenía un doble discurso:

  • prohibía la magia,

  • pero producía parte del material que hoy llamamos “magia”.

Es como prohibir el chocolate mientras eres dueño de la fábrica.


—Entonces, ¿estos grimorios eran populares en el pueblo?

—Para nada.
No los leía el campesino que ordeñaba vacas.

Estos textos circulaban entre:

  • clérigos alfabetizados,

  • eruditos,

  • alquimistas,

  • nobles excéntricos,

  • y obsesivos del conocimiento.

El Ars Notoria era como un curso premium de “cómo estudiar”
para una élite intelectual que vivía rodeada de pergaminos.


—¿Qué hace que estos libros sigan fascinando hoy?

—Que no hablan realmente de magia,
hablan del deseo humano de controlar lo incontrolable:

  • el tiempo,

  • la memoria,

  • el conocimiento,

  • la claridad mental,

  • las fuerzas invisibles que sentimos actuar en nuestra vida.

Son un espejo medieval de nuestras ansiedades modernas.

Hoy usamos apps, suplementos, inteligencia artificial.
Ellos usaban diagramas, oraciones y astrología.

El objetivo es el mismo:
intentar organizar los misterios de la existencia.


—Una última frase, Jorge. Una para cerrar este viaje por los archivos de lo oculto.

—Esta:

“Los grimorios salomónicos no son magia:
son la historia de cómo Europa intentó mejorar la mente
antes de que existiera la ciencia.”

O, si me permites otra:

“Las religiones los condenaban,
pero los escribían sus propios hijos.
Así funciona la psique humana:
siempre intentando acercarse al misterio que le prohíben mirar.”


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