«No somos cuerpos ni relatos: somos elección… pero dentro de límites»

Entrevista a Jorge Orrego, psicólogo y ensayista

Cuando una verdad profunda se convierte en dogma, deja de liberar y empieza a dominar.


Entrevistador

Jorge, has repetido una frase que suele generar incomodidad: “No somos cuerpos, somos elección”. Suena liberadora, pero también peligrosa. ¿A qué te refieres exactamente?

Jorge Orrego

A que esa frase es verdadera solo si se dice con límites. Y ahí empieza todo el problema. Epicteto lo decía con una precisión que hoy se suele olvidar: no somos carne ni cabello, somos elección dentro de lo que depende de nosotros. El cuerpo, la apariencia, la salud, incluso muchas circunstancias vitales, no nos definen moralmente.

El problema es cuando esa verdad se absolutiza y se usa para decir: todo lo que te pasa es culpa tuya. Ahí deja de ser filosofía y se convierte en manipulación.


Entrevistador

¿Dirías que hoy se usan grandes ideas filosóficas o espirituales para manipular?

Jorge Orrego

Constantemente. Y lo inquietante es que no se manipula con mentiras burdas, sino con verdades mal aplicadas. Ideas como “eres responsable de tu vida”, “todo es interpretación” o “no existe la verdad” son parcialmente ciertas, pero cuando se usan sin contexto, sin escala y sin ética, sirven para desactivar la crítica.

Es muy sencillo: si todo depende de ti, nadie por encima puede ser cuestionado.


Entrevistador

Has mencionado sectas, líderes carismáticos, incluso empresas. ¿Ves un patrón común?

Jorge Orrego

Sí, muy claro. El patrón es este:
una idea elevada se presenta como absoluta y termina siempre culpabilizando al más vulnerable y protegiendo al más poderoso.

Por ejemplo:
– Si sufres, es que no has entendido.
– Si algo falla, es que no te has trabajado lo suficiente.
– Si dudas, es que tu ego se resiste.

Eso genera culpa crónica y dependencia. La persona deja de mirar hacia fuera y solo se acusa hacia dentro.


Entrevistador

¿Dónde entra aquí Heidegger, que también habla de elección y responsabilidad?

Jorge Orrego

Heidegger es clave porque introduce algo que muchas corrientes de autoayuda y espiritualidad omiten: la facticidad. No eliges nacer donde naces, ni el cuerpo que tienes, ni muchas de las condiciones que te atraviesan. Tú no empiezas desde cero. Empiezas arrojado.

Para Heidegger, no eres una cosa ni una imagen, eres un poder-ser, una posibilidad que se juega dentro de límites muy concretos. Cuando se elimina esa parte, la responsabilidad se vuelve cruel.


Entrevistador

Entonces, ¿no somos cuerpo, pero tampoco somos pura libertad?

Jorge Orrego

Exacto. No somos solo cuerpo, pero tampoco somos dioses. Esa tensión es lo humano. Epicteto y Heidegger coinciden más de lo que parece: ambos dicen que reducirte a lo visible —al cuerpo, a la imagen, al rol— es alienarte. Pero ambos ponen límites muy claros.

El manipulador borra esos límites. Convierte una verdad situada en un dogma total.


Entrevistador

Has dicho en otras ocasiones que algunas ideas “secuestran nuestras virtudes”. ¿A qué te refieres?

Jorge Orrego

A que la manipulación más eficaz no ataca tus debilidades, sino tu deseo de crecer, de ser responsable, de no victimizarte. Nadie cae en una secta o en una relación tóxica porque quiera ser dominado, sino porque quiere comprender, mejorar, trascender.

El problema es cuando ese impulso se usa contra ti.


Entrevistador

¿Qué consecuencias psicológicas ves cuando se vive bajo estas ideas absolutizadas?

Jorge Orrego

Culpa difusa, vergüenza constante, sensación de insuficiencia, incapacidad para poner límites y, algo muy grave, imposibilidad de nombrar la injusticia. Si todo es interpretación y todo depende de ti, entonces nada puede ser denunciado.

Eso no es madurez. Es silenciamiento interior.


Entrevistador

Para cerrar: ¿qué conclusiones prácticas se pueden sacar de todo esto?

Jorge Orrego

Varias, muy claras:

  1. Responsabilidad no es culpa.

  2. Elegir no significa controlar.

  3. No todo lo que te pasa te define.

  4. Una idea que siempre te acusa a ti y nunca al contexto no está bien usada.

  5. La libertad auténtica incluye reconocer límites.

Y quizá la más importante:

Las ideas verdaderas liberan cuando admiten matices.
Cuando no los admiten, suelen servir a alguien que no quiere ser cuestionado.


Entrevistador

¿Y una última frase, a modo de síntesis?

Jorge Orrego

Diría esta:

No somos cuerpos ni apariencias, pero tampoco somos relatos omnipotentes.
Somos elección… dentro de una realidad que también nos elige.

Aceptar ambas cosas a la vez es incómodo,
pero es una de las formas más sanas de libertad que conozco.

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