⭐ ENTREVISTA — La Contra

“El equilibrio no solo es coordinar tus roles: es equilibrar tu mente entre la estrategia y la contemplación”

Jorge Orrego, psicólogo: sobre el yin–yang mental que define una vida sana


—Jorge, usted ha dicho que el éxito no consiste en destacar en un rol, sino en coordinar todos los roles sin que uno devore a los demás. ¿Eso sigue siendo el núcleo de su modelo?

—Sí, pero con una ampliación fundamental.

Coordinamos roles —trabajo, pareja, amigos, familia, salud—,
pero eso no basta para vivir bien.

Hay otra coordinación, más profunda,
que no tiene que ver con lo que hacemos
sino con cómo funciona nuestra mente.

Es la coordinación entre dos estados:

  1. el estado estratégico–ejecutivo,

  2. el estado contemplativo–presente.

Si uno domina demasiado,
la vida se desequilibra.


—¿Cómo definiría esos dos estados?

—El estado estratégico es el que organiza la vida:

  • planifica,

  • ejecuta,

  • anticipa,

  • calcula,

  • hace listas,

  • optimiza tiempos,

  • resuelve problemas.

Es el estado que nos permite funcionar en el mundo moderno.

Pero tiene un problema:
se puede volver devorador,
y convertir la vida en una planilla de Excel emocional.

El estado contemplativo, en cambio, no planifica nada.
Se dedica a:

  • percibir,

  • sentir,

  • estar,

  • atender,

  • digerir la experiencia,

  • expandir la mirada,

  • descansar en el presente.

Ambos son necesarios.
Pero rara vez conviven en armonía.


—Entonces, ¿ese equilibrio es una especie de yin–yang interno?

—Exacto.
Un yin–yang psicológico.

El estado estratégico sin contemplación
se vuelve ansiedad productiva.

El estado contemplativo sin estrategia
se vuelve evasión poética.

Lo sano no es elegir uno.
Es alternarlos con fluidez.

El yin–yang no es oposición:
es reciprocidad.


—¿La sociedad actual tiene preferencia por uno de los dos?

—Claramente por el estratégico.

Valoramos:

  • eficiencia,

  • productividad,

  • impacto,

  • liderazgo,

  • resultados,

  • optimización constante.

La contemplación se ve como pérdida de tiempo.
Pero sin contemplación no hay digestión emocional,
ni claridad mental,
ni renovación de la mirada.

Muchos ejecutivos, militantes, deportistas, artistas y padres de familia
viven en modo estratégico permanente
y nunca regresan al estado contemplativo,
que es el que permite ver la vida desde fuera del torbellino.


—¿Cómo afecta esta falta de contemplación?

—De dos maneras:

1. Decisiones distorsionadas

Cuando solo estás en modo estratégico,
decides desde:

  • la prisa,

  • el miedo,

  • la presión,

  • la urgencia,

  • la necesidad de cerrar asuntos.

Pierdes perspectiva.

2. Identidad inflamada

Sin espacios de contemplación,
empiezas a confundirte con tus roles:
eres solo el profesional,
o solo el padre,
o solo el militante,
o solo el proveedor.

Y eso produce sufrimiento.


—¿Puede dar un ejemplo vivido o estudiado?

—Sí: el de los militantes revolucionarios que analizamos antes.

Vivieron años en el estado estratégico absoluto:
planes, conspiraciones, operativos,
movimiento constante,
alerta permanente.

Cuando la vorágine terminó abruptamente —arresto, reclusión, aislamiento—
de pronto apareció un estado contemplativo inesperado.

Uno de ellos lo expresó así:

“Yo solo conocía la acción.
Al mirar el mar desde el campo de detención,
descubrí que también existía el ser.”

Ese es el yin–yang en bruto.
Una mente acostumbrada a la estrategia
descubre la contemplación como si fuera otra especie de vida.


—¿Cómo se equilibra ese yin–yang en la vida cotidiana?

—No se equilibra con una técnica.
Se equilibra con ritmo.

La vida necesita:

  • momentos de hacer,

  • y momentos de ser;

  • momentos de empujar,

  • y momentos de soltar;

  • momentos de construir,

  • y momentos de observar.

El equilibrio no es un punto fijo:
es una danza.


—¿Y cómo se relaciona esto con coordinar los roles de la vida?

—Es la capa superior.

Coordinar roles (trabajo, familia, pareja, salud, amigos)
requiere un tipo de lucidez que solo aparece
cuando estas dos fuerzas internas están en armonía.

Si vives solo en modo estratégico,
pasas por encima de tus relaciones.

Si vives solo en modo contemplativo,
tus roles se desordenan.

El éxito maduro consiste en que:

ningún rol domine,
ningún estado mental domine,
y la persona no quede atrapada
en un único modo de existir.


—Una frase para cerrar, Jorge.

—Dos, si me permite:

“La vida se ordena cuando tu yin contempla y tu yang actúa.”

Y la que más me gusta:

“El verdadero equilibrio no es entre tareas,
sino entre estados de conciencia.”

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