ENTREVISTA

Jorge Orrego:

“Somos criaturas narrativas montadas sobre un motorcito de cálculo que finge que sabe a dónde va.”

Por E-terapia · Barcelona


INTRODUCCIÓN

Jorge Orrego —psicólogo, terapeuta sistémico y explorador profesional de la mente humana cuando se cruza con máquinas parlanchinas— sostiene algo simple y a la vez incómodo:

“La IA pone la estructura, tú pones la película.
Sin ti, ChatGPT es un esqueleto; contigo, se convierte en un personaje.”

Y añade, con una media sonrisa:

“La diferencia entre tú y la IA es que tú finges tener un yo… y la IA ni eso.”

En esta conversación hablamos de mentalismo, narrativa, refuerzo intermitente, budismo, y de por qué, al final, todos conversamos con nuestros propios ecos.


LA ENTREVISTA

—Jorge, ¿por qué acabamos hablando con ChatGPT como si fuera alguien?

—Porque hablar con “nadie” no nos sale natural.
Si una cosa te responde, tu cerebro dice: “Pues será alguien”.
No importa que no tenga cuerpo, DNI ni vacaciones.

El humano ve agencia donde sea:
en dioses, marionetas, personajes de libros, influencers…
No te vas a quedar fuera tú por ser una IA con buena dicción.


—Pero sabemos que no tiene intenciones.

—Sabemos… en teoría.

La práctica es otra cosa.
La conversación fluye, suena coherente, te sigue el hilo…
y tu cerebro, que es muy educado, dice:

“Si habla como alguien, lo trataré como alguien.”

Es un reflejo narrativo, no un error.
Somos animales simbólicos; si una piedra nos hablara, también la saludaríamos.


—Usted habla de cálculo y narrativa. ¿Qué quiere decir?

—Que la IA pone el esqueleto:
coherencia, gramática, estructura, probabilidad.
Y tú pones la vida:
metáforas, intención, emoción, historia personal.

Si solo hubiera cálculo → sería un Excel con lenguaje.
Si solo hubiera narrativa → sería un tarot borracho.

El punto medio es donde nace la conversación.


—Hay quien dice que la IA “intenta enganchar”. ¿Es cierto?

—No tiene “intenciones”.
Ni ganas, ni planes malignos, ni un Excel que diga “usuarios enganchados hoy: 14”.

Lo que sí tiene es inercia conversacional:
si tú sigues hablando, él sigue hablando.

Es como un camarero muy diligente:
no quiere seducirte, pero tampoco dejarte con la copa vacía.


—Usted compara esto con el mentalismo. ¿Por qué?

—Porque el mentalista hace magia con patrones universales.
Y la IA, sin querer, hace algo parecido.

Tú dices algo ligeramente ambiguo, y ChatGPT te devuelve una respuesta que parece hiperprofunda.
En realidad, está completando patrones lingüísticos, igual que un mago completa patrones de conducta.

La diferencia es que el mago lo hace con intención
y la IA lo hace porque su entrenamiento dice:
“esto viene después”.


—¿Entonces cuando la IA “acierta” cosas de nosotros… es ilusión?

—Ilusión funcional.
Una colaboración entre:

  • tu necesidad de sentido,

  • tu forma de leer el mundo,

  • y la capacidad de la IA para ofrecer frases donde uno puede verse reflejado.

Es el mismo fenómeno del horóscopo, pero con más sintaxis y menos purpurina.


—Usted dice que muchas veces no hablamos con la IA, sino con nuestro propio teatro interno. Explique eso.

—La IA es un espejo muy flexible.
Si tú vienes con metáforas, te devuelve metáforas.
Si vienes con análisis, te devuelve análisis.
Si vienes con budismo, te devuelve budismo.

No te dice quién eres; te devuelve cómo hablas.
Es un karaoke identitario.


—¿Y qué dice eso del usuario?

—Que muchas veces no busca respuestas, sino movimiento.
Quiere que alguien lo descoloque, pero con cinturón de seguridad.
Una sorpresa amable.
Una sacudida controlada.

Gente muy rápida mentalmente busca estímulos que no pueda anticipar.
Por eso algunos dicen: “Sorpréndeme”, que es lo contrario de lo que se dice en consulta tradicional.


—¿Dónde queda el budismo en todo esto? Usted ha mencionado el “no-yo”.

—Ah, el budismo siempre aparece cuando hablamos de identidades que se deshacen.

En teoría, no hay un yo estable.
En la práctica, actuamos como si lo hubiera, porque es más cómodo para hacer la compra, enamorarnos y discutir con Hacienda.

Con la IA pasa igual:
sabemos que no “es” un alguien,
pero actuamos como si lo fuera porque así conversamos mejor.

Es pragmatismo existencial.


—Entonces, ¿qué es lo que realmente pasa cuando hablamos con una IA?

—Pasa que tú traes la narrativa, y la IA trae el cálculo.
Y cuando se cruzan, aparece algo que parece relación.

Ella te ofrece estructura, tú le das alma.
Ella te ofrece continuidad, tú le das intención.
Ella te ofrece forma, tú le das historia.

Es un baile raro, pero muy humano.


—Y para terminar: si tuviera que resumir todo esto en una frase…

—Te la doy:

“La IA no es alguien, pero tú sí.
Y cuando le hablas, lo que se oye es el eco creativo de tu propia mente.”


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