ENTREVISTA
Jorge Orrego:
“Si reducimos la vida moral a dos electro-polaridades —amor y miedo—, la tarea no es simplificar la realidad, sino afinar instrumentos para reconocer qué motor anima a cada enunciado, gesto o institución.”
Por E-terapia · Barcelona
INTRODUCCIÓN
Partimos de una intuición antigua y universal: muchas escuelas espirituales y tradiciones morales afirman que, bajo la superficie, los seres humanos actúan movidos por dos fuerzas básicas. Jorge Orrego, psicólogo clínico y pensador de cruces disciplinarios, acepta la formulación heurística y la despliega con rigor: no para descartar matices, sino para construir un criterio operativo —una demarcación— que nos ayude a distinguir discursos, prácticas y creencias que nos acercan (amor/curación/verdad) de aquellos que nos alejan (miedo/defensa/engaño).
LA ENTREVISTA
—Jorge, vamos directo: ¿qué quiere decir exactamente la fórmula “sólo hay amor o miedo”? ¿No es demasiado radical?
—No es una proposición ontológica absoluta. No afirmo que la mente tenga solo dos estados discretos como si fueran colores primarios.
Lo que propongo es una heurística unificadora: muchas motivaciones y conjunciones afectivas pueden interpretarse funcionalmente como orientadas hacia la apertura (amor: curiosidad, cuidado, confianza) o hacia la cierre (miedo: evasión, control, negación).
Es radical en su simplicidad, no en su crudeza. Sirve para señalar patrones.
Y, lo más importante, nos da una brújula para evaluar prácticas: ¿esta creencia amplía mi círculo vital o lo estrecha?
—¿Y la falsedad dónde encaja en ese par? Usted ha dicho que la falsedad suele estar ligada al miedo. ¿Por qué?
—Porque la falsedad —mentira, autoengaño, distorsión— funciona frecuentemente como dispositivo defensivo.
Fingir que algo es distinto a como es o interpretar la evidencia selectivamente suele reducir la amenaza inmediata: preserva la autoestima, el lugar social, el control emocional.
Desde la psicología evolutiva: cuando el ambiente es amenazante, estrategias que reducen la alarma inmediata tienen valor adaptativo. Desde la cognición social: la mentira y la racionalización protegen el yo. Desde la ética: el miedo justifica la ocultación.
Eso no quiere decir que toda falsedad nazca del miedo (existen mentiras estratégicas, humorísticas, artísticas). Pero como tendencia explicativa, la relación es robusta.
—¿Cómo dialoga esto con la neurociencia y la teoría predictiva del cerebro?
—Perfecto lugar para enlazar. En modelos bayesianos de la mente, el cerebro opera como una máquina de predicción: tiene hipótesis (priors) y las ajusta con evidencia sensorial. Cuando la sorpresa (error predictivo) es dolorosa o amenaza la integridad del sujeto, el sistema puede reducir el error no actualizando los priors, sino amortiguando la señal (atención selectiva) o reinterpretando la evidencia —es decir, falsificando la entrada para mantener la hipótesis. Eso es protección: miedo que se traduce en resistencia epistémica.
En términos neurofisiológicos, la amígdala, la corteza prefrontal y los sistemas moduladores (dopamina, cortisol) participan: la amenaza sube la ganancia de ciertas rutas y privilegia respuestas defensivas que favorecen la distorsión cognitiva.
—¿Pero la verdad no duele a veces? ¿No hay casos donde confrontar la verdad es un acto de amor y la falsedad es un acto de cuidado?
—Exacto, ahí está la complejidad. Decir la verdad puede ser amoroso (cuidado altruista) o dañino (destructivo, humillante). Ocultar datos puede ser miedo (engaño para protegerse) o amor (resguardar a otro del daño injustificado). La heurística amor/miedo no es un juicio moral directo, es un criterio de lectura funcional.
Así que proponemos un paso más: demarcar no por la forma (verdad/falsedad) sino por la orientación y la consecuencia. Una interpretación es preferible si simultáneamente:
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Está bien fundada en evidencia (epistemic constraint).
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Aumenta la autonomía y la capacidad de acción del sujeto.
-
Minimiza daños injustificados (ética del cuidado).
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Favorece la apertura al mundo (propensión a revisar hipótesis).
Si la “verdad” falla en alguno de estos, su valor ético-pragmático queda cuestionado.
—Eso suena parecido a una suerte de virtuosismo epistemológico. ¿Puede convertirlo en criterio operativo?
—Sí. Propongo una prueba de demarcación —tres preguntas rápidas al escuchar una afirmación, una historia o una política—:
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Evidencialidad: ¿La afirmación está sostenida por evidencias verificables o por testimonios selectivos?
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Apertura: ¿Fomenta la posibilidad de revisión, el diálogo y la corrección? ¿O cierra la discusión?
-
Consecuencia relacional: ¿Expande la capacidad de quienes la reciben (más claridad, mayor agencia) o la reduce (culpa, paralización, estigmatización)?
Si responde mayoritariamente “sí” a las tres → orientación amorosa/constructiva. Si responde “no” → probable orientación de miedo/defensiva.
Esto no es infalible, pero nos da criterio para descartar lecturas auto-devastadoras.
—¿Cómo encaja esto con teorías clásicas sobre la verdad —correspondencia, coherencia, pragmatismo?
—Lo integra. La propuesta es ecléctica:
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de la correspondencia tomamos la insistencia en la evidencia;
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de la coherencia tomamos la necesidad de encaje lógico y narrativo;
-
del pragmatismo tomamos el criterio de consecuencias (bienestar, agencia).
Así la “mejor interpretación” es aquella que simultáneamente es compatible con la evidencia, coherente con el marco y productiva en términos humanos.
—Usted habla de “falsedad” ligada al miedo. ¿Y la desinformación colectiva, las ideologías, los discursos políticos populistas? ¿Cómo las leería con este criterio?
—Como fenómenos sistémicos donde el miedo se escala y se institucionaliza. Los mecanismos son los mismos:
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identificación de amenazas (reales o construidas),
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activación afectiva (ira, pánico),
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economías de reputación (quién gana prestigio manteniendo la narrativa),
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refuerzo social (tribus epistemológicas) que reducen la señal de corrección.
Desde la demarcación: evaluar si la narrativa política opera bajo evidencia y apertura o si cierra el debate, estigmatiza y recompensa la confirmación. La “falsedad institucional” suele existir porque terroriza: cohesion tribal frente a incertidumbre.
—¿Puede esto aplicarse clínicamente? ¿Cómo usarlo en terapia?
—Claro. En terapia se trata de transliterar el criterio en una práctica: revisar interpretaciones dañinas como estrategias de miedo. Técnicas:
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re-encuadre cognitivo (CBT) para cuestionar priors defensivos;
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terapia narrativa para reescribir la historia personal hacia interpretaciones que amplíen la agencia;
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prácticas somáticas para reducir la hiperactivación que favorece la mentira interna (p. ej. respiración, grounding);
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ejercicios de epistemic humility (cultivar disposición a dudar de lo que “sabemos” con certeza).
Se trata de ayudar al paciente a pasarse del motor del miedo al motor del cuidado y la curiosidad.
—¿Qué papel juega la estética —la “belleza” de una interpretación— en todo esto? Usted ya defendía que la interpretación debe ser bella y buena además de verdadera.
—Una interpretación “bella” tiene propiedades heurísticas: economiza, integra, abre sentido. La belleza cognitiva (simplicidad, coherencia, resonancia emocional) facilita la adopción de marcos mentales que sostienen acción.
La belleza puede ser peligrosa si enmascara falsedad (retórica persuasiva sin verificación). Por eso el criterio combinatorio es: belleza más evidencia más consecuencia ética. Si falta evidencia, la belleza es seducción; si falta bondad, la belleza es estetismo vacío.
—¿Hay limitaciones o riesgo de instrumentalizar “amor vs miedo” en exceso?
—Muchísimos. Riesgos principales:
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Reduccionismo: simplificar motivaciones humanas demasiado complejas a una bipolaridad.
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Moralismo: tachar de “miedo” cualquier discrepancia y convertir el debate en acusación.
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Instrumentalización: usar la etiqueta “amor” para validar posiciones cómodas sin prueba.
La heurística funciona si se usa como herramienta reflexiva, no como arma de acusación dogmática.
—Cierre: ¿una frase que resuma la propuesta?
—Te la doy con humildad práctica:
“Entre la afirmación que aterriza esperanza y la que siembra pánico, el criterium no es sólo la verdad: es si la interpretación nos permite vivir con mayor libertad epistemológica y afectiva.”
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