ENTREVISTA

Jorge Orrego:

“La verdad que no te mejora la vida es, en el fondo, una mala interpretación.”

Por E-terapia · Barcelona


INTRODUCCIÓN

Jorge Orrego, psicólogo y especialista en narrativa de la experiencia humana, sostiene algo tan simple como revolucionario:
“Los hechos no existen en estado salvaje. Lo que existe son interpretaciones. Y algunas interpretaciones te destruyen… mientras otras te construyen.”

Su propuesta no es relativista.
No es el “todo vale”.
Es una ética interpretativa que mezcla a Aristóteles, el budismo, la psicología cognitiva, y un toque de sentido común que la filosofía académica a veces olvida.

Hoy conversamos sobre cómo entre dos lecturas de la realidad hay que elegir la que es verdadera… pero también bella y buena.


LA ENTREVISTA

—Jorge, arranquemos fuerte: ¿de verdad no existen hechos puros? ¿Ni uno?

—Ninguno.
Solo existen hechos interpretados.

Un mismo evento —una frase, una mirada, un recuerdo—
puede significar:

  • humillación,

  • indiferencia,

  • oportunidad,

  • aprendizaje,

  • o el principio de algo nuevo.

El hecho es el hueso.
La interpretación es la carne.
Y nosotros no vivimos de huesos.


—Pero hay interpretaciones más verdaderas que otras, ¿no?

—Por supuesto.
Yo no defiendo el relativismo posmoderno del “todo vale”.
Hay interpretaciones compatibles con la evidencia,
y otras que son fantasías autodestructivas.

La pregunta no es si la interpretación es verdadera,
sino si es la más verdadera posible.

Y, junto con eso:

  • ¿es bella?

  • ¿es buena?

  • ¿te ayuda a vivir mejor?

  • ¿te abre posibilidades o te encierra?

  • ¿te convierte en alguien más pleno o más pequeño?

Una interpretación que cumple estos criterios es, para mí,
superior.


—¿Qué quiere decir que la interpretación debe ser bella? ¿No suena muy estético para ser psicológico?

—La belleza no es adorno; es coherencia interna.
Una interpretación bella es una interpretación que encaja,
que genera orden,
que calma,
que produce sentido sin violencia.

La fealdad interpretativa —esa forma mental que genera ruido, angustia, distorsión innecesaria—
es señal de que has elegido mal el marco.

No porque sea falsa, sino porque es tóxicamente incompleta.


—¿Y cuando dice “buena”? ¿Buena en qué sentido?

—En el sentido aristotélico:
buena es la interpretación que promueve la vida buena.

No es ingenua, no es complaciente.
Es aquella que:

  • amplía tu agencia,

  • refuerza tu dignidad,

  • te hace actuar mejor,

  • te relaciona mejor con otros,

  • te permite crecer.

Una interpretación puede ser técnicamente correcta,
pero psicológicamente devastadora.

Para mí, eso es mala interpretación.


—¿Está proponiendo que elijamos interpretaciones según si nos hacen felices?

—Con matices:
entre dos interpretaciones verdaderas, elige la que te acerca a la felicidad.

No hablo de euforia.
Hablo de bienestar sostenible.

Ejemplo simple:

Alguien no te saluda.
Interpretación A: “Me odia.”
Interpretación B: “Va distraído.”
Ambas son posibles.
La primera te envenena.
La segunda te permite respirar.

Tu cerebro no es un tribunal;
es un órgano para vivir.


—¿Esto no sería un sesgo positivo deliberado?

—Sí, pero un sesgo consciente.
Una política interpretativa.

La ciencia cognitiva ya mostró que nunca somos neutrales.
Siempre interpretamos desde:

  • creencias,

  • miedos,

  • aprendizajes,

  • modelos internos.

Mi propuesta es:
si vas a interpretar, interpreta a tu favor,
mientras no traiciones los hechos.

La objetividad pura no existe.
Pero la objetividad benévola, sí.


—¿Cómo se fundamenta esta idea filosóficamente?

—En tres pilares:


1. El constructivismo epistemológico

Toda percepción es una construcción.
La mente no “recibe” el mundo: lo fabrica.


2. La tradición aristotélica

La verdad no es solo correspondencia;
es también aquello que permite florecer.

Una verdad que destruye no es totalmente verdad;
es una verdad sin virtud.


3. El budismo

Los hechos no son sufrimiento.
Lo que causa sufrimiento es la interpretación aferrada.

Si interpretas el hecho con menos rigidez,
hay menos dolor innecesario.


—¿Cómo se aplica esto en la vida real? Porque suena bonito, pero la vida pega fuerte.

—Transformando la pregunta que nos hacemos.

La mayoría pregunta:
“¿Qué está pasando conmigo?”

Yo propongo preguntar:
“¿De todas las interpretaciones posibles, cuál es la que me permite vivir mejor sin negar la realidad?”

Es un criterio ético, psicológico y práctico.


—¿Y qué pasa con la gente que dice ‘quiero la verdad aunque duela’?

—Mi respuesta es:

“Perfecto, pero asegúrate de que lo que te duele es la verdad
y no tu interpretación catastrófica.”

Confundimos realismo con pesimismo.
Confundimos lucidez con castigo.

La lucidez verdadera es compasiva.
No te rompe: te abre.


—Entonces, ¿la mejor interpretación es una mezcla de verdad, benevolencia y belleza?

—Sí.
Es mi trinidad interpretativa.

Si algo:

  • es verdadero,

  • es bello,

  • y es bueno para tu vida,

entonces es la mejor lectura posible de los hechos.

Si falta uno de los tres,
algo chirría.


—Resúmalo en una frase, Jorge.

—Aquí va:

“No elijas la interpretación que castiga,
elige la que permite vivir.”


—Última pregunta: ¿esto es psicología o filosofía?

—Sí.

Porque la psicología sin filosofía se vuelve mecánica,
y la filosofía sin psicología se vuelve inútil.

Interpretar la vida de manera bella, buena y verdadera
no es un lujo intelectual.
Es una forma práctica de no sufrir de más.

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