ENTREVISTA
Jorge Orrego:
“La edad no quita capacidades: las redistribuye según nuevos criterios que antes no sabíamos usar.”
Por E-terapia · Barcelona
INTRODUCCIÓN
Jorge Orrego sonríe cuando le preguntamos por el envejecimiento.
Dice que lo difícil no es aceptar que el cuerpo cambia,
sino aceptar que los criterios de lo que llamamos “ser capaz” son una convención social pasajera.
“A los 20 te dicen que eres capaz si corres.
A los 40 si equilibras.
A los 70 si no te dejas arrastrar por tonterías.”
Y remata:
“El cerebro no se muere: se reorganiza. Somos nosotros los que cambiamos la vara de medir.”
LA ENTREVISTA
—Jorge, usted afirma que el concepto de “capacidad” es social. ¿No es demasiado provocador?
—Para nada.
Piensa en esto: un niño que memoriza bien es “talentoso”.
Un adulto que memoriza bien es “funcional”.
Un anciano que memoriza bien es “un fenómeno”.
La capacidad no cambia tanto como cambian las expectativas del entorno.
Lo que llamamos “capacidad” es una mezcla de:
-
criterios culturales,
-
necesidades del momento histórico,
-
comparaciones con otras personas de la misma edad.
No existe la capacidad pura.
Existe la capacidad medida por un criterio.
—¿Y qué capacidades de verdad aumentan con la edad?
—Varias. Pero no son las que enseñan en TikTok.
1. Regulación emocional fina
—No es que la gente mayor no sienta emociones;
es que no se dispara por cualquier cosa.
El joven dice: “Esto es insoportable”.
La persona mayor dice: “Esto es martes”.
Es una diferencia evolutiva enorme:
saber cuándo poner emoción… y cuándo guardarla para algo mejor.
2. Pensamiento contextual
—A los 20 vemos árboles.
A los 40 empezamos a ver el bosque.
A los 70 vemos el ecosistema completo.
No es que la inteligencia aumente:
es que el cerebro deja de obsesionarse por el detalle inmediato
y empieza a procesar patrones largos, estructuras, dinámicas sociales complejas.
Es como pasar de ver fotogramas sueltos a ver la película entera.
3. Metacognición
—Con la edad uno aprende a mirarse mientras piensa.
Y eso es un superpoder.
Entiendes:
-
tus sesgos,
-
tus trampas mentales,
-
tus patrones repetidos,
-
tus autoengaños favoritos.
Cuando eres joven discutes.
Cuando eres adulto reflexionas.
Cuando eres mayor te preguntas: “¿Para qué discutía?”
4. Juicio moral matizado
—La moral deja de ser un cuento de buenos y malos.
Aumenta la proporcionalidad: el famoso “te entiendo aunque no lo haría”.
Eso no es relativismo,
es visión panorámica.
5. Decisiones basadas en valor, no en urgencia
—La vejez no es lentitud.
Es priorización.
Un joven dice sí a todo por si acaso.
Una persona mayor dice no a casi todo… para poder decir sí a lo importante.
Es una capacidad impresionante:
la de saber qué merece tu tiempo y qué no.
—¿Y qué pasa con las capacidades que “parecen disminuir”?
—Ahí está la trampa.
No disminuyen: mutan.
1. La rapidez baja… pero la precisión sube
—El cerebro tarda un poco más, sí,
pero elige mejor qué caminos vale la pena recorrer.
Es como conducir más despacio,
pero siempre por la ruta correcta.
2. La memoria inmediata baja… pero la memoria narrativa mejora
—Se olvidan nombres,
pero se recuerdan historias enteras con un sentido que antes no tenían.
Es una memoria más sabia, más editorial.
Recuerda lo relevante, no lo disponible.
—¿Y cómo entra aquí lo social? ¿Qué cambia en los criterios?
—Mucho. Más de lo que admitimos.
1. Flexibilización de expectativas
—Antes querías demostrar cosas.
Luego quieres vivir en paz.
Eso cambia completamente qué consideras “ser capaz”.
2. La renuncia se vuelve una virtud
—A los 20 renunciar parece derrota.
A los 60 es curaduría vital.
Saber qué sacar de la vida es tan importante como saber qué meter.
3. La identidad se vuelve elástica
—Cambiar de opinión a los 20 es una crisis.
A los 70 es un martes normal.
El yo deja de ser una estatua
y se convierte en un organismo adaptable.
—En resumen, Jorge: ¿en qué mejora realmente la capacidad con la edad?
—En su relevancia.
No somos menos capaces:
somos más capaces de elegir qué capacidades importan.
En la juventud optimizamos rendimiento.
En la adultez optimizamos significado.
En la vejez optimizamos coste-beneficio emocional.
La capacidad no muere:
se redefine.
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